Página 55 - 2017-03-00LeccionAdultos-Completo

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Utilice los siguientes pasajes, que consideramos los
más aptos para la enseñanza en relación con la historia
de hoy:
Hebreos 13:5, 6; Apocalipsis 16; Mateo 24;
Mateo 25:1- 13.
Para compartir el contexto y el trasfondo
Utilice la siguiente información a fin de arrojar más
luz sobre la historia para los alumnos. Compártala con
sus propias palabras.
1. El comienzo.
El libro de Apocalipsis comienza
con una clara definición de su propio tema. “Ésta
es la revelación de Jesucristo, que Dios le dio para
mostrar a sus siervos lo que sin demora tiene que
suceder. Jesucristo envió a su ángel para dar a co-
nocer la revelación a su siervo Juan” (Apoc. 1:1,
NVI). El libro del Apocalipsis es una revelación de
los misterios futuros que concluyen con el triunfal
retorno de nuestro Señor y Salvador, Cristo Jesús.
El primer libro apocalíptico de la Biblia es el de
Daniel, que apareció durante la época de la cauti-
vidad babilónica, en el siglo VI a.C. Daniel (enDan.
12:1) habló del tiempo de angustia que vendría, cual
el mundo nunca vio. Este mensaje enigmático es
revelado en el libro del Apocalipsis, especialmente
en Apocalipsis 16.
2. La cuestión de la adoración.
El apóstol Juan, el
escritor del Apocalipsis, vivió durante la época del
emperador romano Domiciano. La cuestión de la
adoración demostró ser un elemento decisivo en su
reino. En las provincias romanas de Asia, no era co-
mún construir templos para los generales romanos
vencedores. Sin embargo, ningún otro emperador
romano hasta ese momento había obligado a sus
súbditos a adorarlo como lo hizo Domiciano.
Los cristianos que vivieron durante su reinado
(81-96 a.C.) no tenían protección legal. Un erudito
escribió que el Emperador trató de establecer su
derecho a la divinidad al enviar una carta que co-
menzaba con las palabras: “Nuestro Señor y nues-
tro Dios ordena que se haga esto”.
Domiciano ejecutó a los que se oponían a adorar-
lo y desterró a otros, enviándolos a lugares lejanos.
Se cree que Juan fue uno de los perseguidos por su
fe durante su reinado. ¿Es de extrañar, entonces,
que la cuestión de la adoración figure de mane-
ra tan destacada en el libro del Apocalipsis? Juan
fue perseguido porque se negó a dejar de adorar
a Dios. Los que soporten el tiempo de angustia se
enfrentarán con las mismas pruebas y la cuestión
nuevamente será la adoración.
3. El libre albedrío.
Cuando Dios creó a Adán y
a Eva, les dio como obsequio la libertad de elegir
obedecerlo o no. Génesis 2:17 es un ejemplo de este
libre albedrío. Dios incluso fue claro acerca de las
consecuencias que tendrían si ellos decidían ig-
norar su amonestación. Dios no juega con nuestro
libre albedrío.
“No debe impedirse el libre albedrío. Los seres
humanos deben vivir de acuerdo con sus propias
elecciones, para que manifiesten su verdadero ca-
rácter. Cada persona de cada épocamanifestará en
la segunda venida de Cristo a cuál escogió perte-
necer” (
Comentario bíblico adventista del séptimo día
,
t. 7, p. 909).
III. CIERRE
Actividad
Cierre con una actividad y pregunte con sus propias
palabras.
Comparta lo siguiente con sus propias palabras:
“Leonidas, rey de Esparta, estaba preparando
a sus tropas griegas para resistir al ejército persa
en el año 480 a.C., cuando llegó un enviado persa.
El hombre le pidió encarecidamente que viera la
inutilidad de tratar de resistir el avance del enorme
ejército persa. ‘Nuestros arqueros son tan nume-
rosos’, le dijo el enviado, ‘que el vuelo de sus fle-
chas oscurece el cielo’. ‘Mucho mejor’, respondió
Leonidas, ‘así pelearemos a la sombra’. “Leonidas
resistió al ejército y murió con sus trescientos sol-
dados” (
Today in the Word
, agosto de 1989, p. 7).
La parte más importante de resistir y estar de
parte de Jesús en el tiempo del fin es la determi-
nación de estar de parte de él ahora, en el lugar
donde estemos. Pídale a Dios que les permita, a
sus alumnos y a usted, tomar la solemne resolución
de permanecer firmes hasta que todos veamos el
rostro de Jesús en persona.
Resumen
Muchas veces, al pensar en el tiempo de angustia
y en las cosas que les sobrevendrán a los que esco-
gieron confiar en el Señor y guardar sus manda-
mientos, nos sentimos colmados de miedo y pavor.
Pensamos en las dificultades y en las duras prue-
bas que tendremos que enfrentar. Nos sentimos
ansiosos al imaginar las escenas que precederán
al regreso de Jesús. Sin embargo, no necesitamos
sentirnos así. Dios prometió que cuidará a su pue-